Un Partido para combatir por el Socialismo

Un Partido para combatir por el Socialismo

Crónica de la historia del PRT-ERP
Por Daniel De Santis
El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Argentina fue un partido político de tendencia marxista leninista, guevarista, fundado el 25 de mayo de 1965 para luchar por la revolución antiimperialista y socialista en Argentina y América Latina. Reconocía a la clase obrera industrial como vanguardia del conjunto del pueblo. Desde antes de su nacimiento los grupos que promovieron su construcción adoptaron estrategias que incluían el desarrollo de las más variadas formas de lucha. Fue muy importante para la cultura partidaria su participación en las elecciones tucumanas de 1965, cuya política llevó a la elección de siete diputados obreros, entre ellos Leandro Fote de sus propias filas. Su líder y Secretario General fue Mario Roberto Santucho.
Sus principales dirigentes fueron Rubén Pedro Bonet, Juan Manuel Carrizo, Eduardo Castello, Antonio del Carmen Fernández, Leandro Fote, Carlos Germán, Enrique Haroldo Gorriarán, Juan Eliseo Ledesma, Domingo Menna, Eduardo Merbilháa, Jorge Carlos Molina, Luís Enrique Pujals, Norberto Pujol y Jorge Benito Urteaga. Todos héroes de la lucha revolucionaria.
Entre sus dos Comités Centrales elegidos en 1970 y en 1975, más los cooptados al CC entre 1971 y 1976 y, contando a los principales cuadros y jefes militares, sumaban alrededor de 100 compañeros, 80 de ellos fueron muertos en combate, asesinados o desaparecidos. De los seis mil militantes que llegó a tener, aproximadamente la mitad, o sea tres mil, están muertos o desaparecidos (estimación hecha por integrantes del Equipo de Antropología Forense que nosotros compartimos). Entre sus principales cuadros sólo se cuenta un desertor, conocido por su nombre de guerra: Luis Mattini.
El PRT fue fundado a partir del Frente Único entre dos organizaciones preexistentes. Palabra Obrera (PO) que se definía ideológicamente trotskista, estaba adherida a la Cuarta Internacional y practicaba una táctica denominada “entrismo” en el peronismo. Su líder se llamaba Nahuel Moreno, de allí la denominación de morenismo a la corriente política por él liderada. Los militantes más consecuentes con la lucha revolucionaria fueron Daniel Pereyra, de una vasta trayectoria militante. Hugo Blanco líder de los Sindicatos Campesinos armados del Departamento del Cuzco. El Vasco Ángel Bengochea, que estaba organizando una guerrilla en el marco de la estrategia continental del Che Guevara. Bengochea, Santilli y otros tres militantes murieron el 20 de julio de 1964 cuando, en un departamento de la calle Posadas en Buenos Aires, se produjo una explosión mientras manipulaban explosivos. También merece mencionarse al joven intelectual autodidacta: Milcíades Peña quien llegó a ser un destacado historiador, cuyos libros nutrieron a varias generaciones de militantes del PRT.
La otra organización se llamaba Frente Revolucionario Indoamericanista Popular, según surge de sus propios documentos, aunque al mencionarla se suplantaba el segundo apelativo por Indoamericano. Había sido fundado el 9 de julio de 1961 en Santiago del Estero por los hermanos Francisco René, Oscar Asdrúbal y Mario Roberto Santucho, Hugo Ducca, Emilio Ibarra, Petaca Riso Patrón y otros militantes. Inicialmente tenía por definición ideológica la que está explícita en su nombre, pero progresivamente se fue acercando al marxismo, manifestando una abierta adhesión a la Revolución Cubana. Su maduración ideológica está expresada en un documento publicado a principios de 1964 que se llamó El proletariado rural detonante de la Revolución Argentina. Su contenido, desarrollado en diez tesis, va a estar presente en la línea del PRT, con muy pocas modificaciones, hasta su desintegración entre los años 1978 y 1979. En él se caracterizaba a la Argentina como un país semicolonial, seudo-industrializado. Caracterización que se diferenciaba de otras que realizaban distintos sectores de la izquierda. Ellos consideraban a los procesos de sustitución de importaciones como un desarrollo económico que tendía a la independencia nacional liderado por la burguesía industrial argentina y, por lo tanto, contradictorio con el imperialismo. En cambio el FRIP planteaba que había una industrialización de algunos sectores intermedios impulsada y en beneficio del mismo imperialismo, al igual que en los demás países atrasados de América Latina y el Tercer Mundo. En esto hay una completa coincidencia con los análisis realizados por la Revolución Cubana como lo expresa claramente el Che en el documento Mensaje a los pueblos a través de la Tricontinental cuando dice que: “las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo” y aclara “si alguna vez la tuvieron y sólo forman su furgón de cola”, y finaliza en forma contundente “no hay más cambios que hacer: o Revolución Socialista o caricatura de Revolución”.
El 17 de julio de 1964 se constituyó el Frente Único FRIP-PO con el objetivo de fundar un partido revolucionario obrero que asumiera las tareas pendientes de la revolución en nuestro país. Una de ellas era la cuestión de la lucha armada revolucionaria. Ambas organizaciones tenían en común una fuerte vocación de ir a las masas, principalmente obreras, para su construcción. Pero subsistían dos grandes diferencias: Palabra Obrera practicaba el “entrismo” en el peronismo y el FRIP no estaba de acuerdo con ello. Esta diferencia se resolvió enseguida por el abandono del “entrismo” por parte de PO. La otra diferencia era que PO estaba adherido a la Cuarta Internacional y se reivindicaba trotskista y el FRIP no estaba de acuerdo con ello. Esta diferencia se revolvió más de un año después, con la adhesión a esa organización internacionalista. Aunque, es importante destacar, el PRT nunca se va a definir abiertamente trotskista y sí, al menos a partir del V Congreso, explícitamente marxista leninista.
El 31 de enero de 1965 en el Norte argentino se aprobó la unificación quedando constituido el partido unificado de la revolución y se formó el Comité Central unificado. El 25 de mayo de ese mismo año se reunió el Primer Congreso el que aprobó como nombre de la nueva organización: Partido Revolucionario de los Trabajadores. De este Congreso fue memorable la discusión originada por la propuesta morenista sintetizada en la consigna “CGT partido político de la clase obrera”, propuesta y consigna que fue calificada de capitulación sindicalista por parte de algunos delegados de Tucumán y Rosario.
El 28 de junio de 1966 se produjo el golpe militar que instauró la dictadura encabezada por Onganía. Perón lanzó la famosa consigna “desensillar hasta que aclare” y el líder sindical Augusto Timoteo Vandor y demás dirigentes burocráticos, ante el apriete de la dictadura, levantaron el plan de lucha de marzo de 1967. Ambos hechos dejaron al movimiento de masas sin conducción política ni sindical. Este vacío político va a ser llenado, en el próximo auge de las luchas obreras y populares, por una nueva vanguardia inspirada en el socialismo y con gran influencia de la Revolución Cubana.
Simultáneamente, el estallido de la crisis de la industria azucarera en Tucumán dio impulso a las ya grandes luchas obreras. El enfrentamiento con la dictadura preventiva y la derrota sufrida en esa contienda motivó que los principales dirigentes obreros llevaran al seno del Partido, recién fundado, la necesidad de responder con las armas porque se habían mostrado insuficientes los métodos de la lucha cívica.
En el Comité Central de enero de 1968, Moreno, al quedar en minoría, se retiró de la reunión y abandonó el Partido. El IV Congreso realizado a fines de febrero de 1968 aprobó una línea política de guerra revolucionaria para responder a la guerra contrarrevolucionaria iniciado por la dictadura dos años antes. En ella recogía las experiencias del movimiento obrero y revolucionario mundial logrando realizar un aporte único al marxismo al lograr una superadora síntesis entre las distintas corrientes marxistas existente: trotskismo, maoísmo, castrismo, que significó un retorno al leninismo. El Congreso aprobó un extenso documento el que contiene tres ideas centrales: las bases de una línea de guerra revolucionaria en la que recoge la evolución de la táctica acerca del problema del poder y de la lucha armada en la historia del marxismo revolucionario. Una demoledora crítica a la concepción economista del morenismo y, en buena medida como parte de lo anterior, señalaba al proletariado industrial como el sector de vanguardia de la clase obrera y del pueblo y por lo tanto el lugar fundamental de trabajo del Partido.
Este Congreso caracterizó que en nuestro país existía una situación pre-revolucionaria. La hace a partir del análisis de las condiciones objetivas. Estas eran: la crisis estructural del capitalismo argentino, la existencia de una clase revolucionaria (la clase obrera industrial) que lo era porque, además de existir objetivamente como clase, tenía la fuerza, la experiencia y el nivel de organización como para jugar el papel dirigente en un proceso revolucionario. Por último, la burguesía no daba salida a las clases intermedias dentro del modelo de acumulación capitalista en ese período.
En enero de 1969 un comando del PRT, encabezado por Santucho e integrado, entre otros, por Jorge Alejandro Ulla, Sidel Negrín y Rubén Batallés realizó el asalto al Banco de Escobar expropiando 72 millones de pesos para financiar el inicio de la lucha armada. El 29 de mayo se produjo el Cordobazo en el que participaron de lleno los militantes del Partido. Este movimiento semi-insurreccional confirmó los análisis que venía haciendo el PRT y que puso en crisis a la Dictadura militar. En el Rosariazo, el 16 y 17 de septiembre del mismo año, los militantes del PRT tuvieron una activa participación y un comando, encabezado por Gorriarán, realizó una expropiación de armas en un puesto de Gendarmería Nacional. La demora en concretar las resoluciones del IV Congreso por parte de la dirección partidaria de aquel momento desató nuevamente la lucha interna. El Comité Central elegido dos años atrás se hallaba dividido en tres fracciones. Esta lucha va a culminar con la consolidación de la tendencia leninista cuando Santucho se fugó de la cárcel de Villa Urquiza en San Miguel de Tucumán, y se convocó a un nuevo congreso partidario que se reunió los días 29 y 30 de julio en una isla del Delta del Río Paraná.
El V Congreso fundó al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y trazó los fundamentos de éste segundo componente estratégico en la concepción del PRT: la construcción de un ejército del pueblo con un carácter más amplio que el partido, a través de una concepción de ejército de masas, para poder incorporar a la lucha revolucionaria no solamente a los elementos de vanguardia con definición ideológica marxista revolucionaria, sino a todos aquellos compañeros dispuestos a la lucha en contra del imperialismo, en contra de la explotación, independientemente de su filiación ideológica y aún de su filiación política. El encarnizado debate acerca de dónde era el lugar apropiado para iniciar la lucha armada se resolvió afirmando que era “allí donde estuvieran las masas”.
Un tercer instrumento necesario para el triunfo de la revolución, que se va a comenzar a proponer luego del V Congreso, pero con más fuerza a partir de la apertura electoral lanzada por el Dictador Lanusse en marzo de 1971, era la construcción de un frente de liberación nacional y social, que tenía como base los aliados estratégicos de la revolución. Según el PRT, estos eran: la clase obrera, aliada con la pequeña burguesía urbana en las ciudades y con el campesinado pobre en el nordeste y noroeste del país, y que en determinado momento de la lucha a esta alianza básica se podían unir a sectores de la burguesía media, teniendo en cuenta las características de la lucha en cada momento. Así, el PRT impulsó primero el Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS) y, a partir de mediados de 1974, un frente antiimperialista democrático y patriótico, y luego del golpe del 24 de marzo de 1976, un frente antifascista, pero sin perder, en ellos, la hegemonía del proletariado.
Y la cuarta herramienta estratégica estuvo muy presente desde la fundación del PRT: era el internacionalismo proletario. Poco después de su fundación se adhirió a la Cuarta Internacional, trotskista, constituyendo la sección argentina de la misma hasta 1973. Debido a su desarrollo en el movimiento de masas y al crecimiento de la lucha armada revolucionaria, se agudizaron las diferencias ideológicas con la corriente hegemónica de la Internacional, estas hicieron crisis cuando intentó “trotskisar” al PRT, por lo que se separó de la Internacional en 1973. Desde su fundación, el PRT, mantuvo relaciones con la Revolución Cubana. Consecuente con el internacionalismo, en 1969, un miembro de la dirección del PRT se reunió en Bolivia con Inti Peredo y tomó contacto con los compañeros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno, con el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros de Uruguay y con los del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia fundado por el Che. Estas cuatro organizaciones inspiradas en el Mensaje a los Pueblos de Guevara constitución a la Junta de Coordinación Revolucionaria, la cual se hizo pública a mediados de 1974.
El PRT fue un partido que tuvo, durante toda su existencia, estrecho vínculo con las masas obreras y populares. Estaba estructurado según el modelo leninista de partido de militantes. Para fortalecer su estrategia político-militar se nutrió de la mayor experiencia revolucionaria de su época, estudió y formó a sus militantes con las enseñanzas del Partido de los Trabajadores de Vietnam y del FLN de ese país. Tuvo una fuerte influencia de la Revolución Cubana y el ejemplo de entrega militante del Che Guevara proveyó a sus integrantes de una gran moral de combate.
Impulsados por la crisis de dominación capitalista, que en los hechos mantenía una dictadura desde 1955, en mayo de 1969, se levantaron los pueblos de Córdoba y Rosario lo que significó un salto cualitativo, ya que las masas iniciaron la lucha por el socialismo, además de las luchas por la vuelta de Perón. Desde su nacimiento, la guerrilla fundada por el PRT fue la más activa del país. Junto al ERP nacieron otras cuatro de alcance nacional: Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), Fuerzas Armadas peronistas (FAP), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), y Montoneros, y unas quince de carácter regional. El crecimiento del conjunto del movimiento de masas y revolucionario voltearon al Dictador Onganía y, particularmente, el 15 de marzo de 1971 el Viborazo o segundo Cordobazo, en el que las masas hicieron suyos los emblemas del ERP, convenció al Jefe del Ejército, el Dictador Lanusse, que era imposible contener la revolución por medio de la fuerza. Lanusse inmediatamente se hizo cargo del gobierno y pocos días después convocó al Gran Acuerdo Nacional (GAN), una salida electoral con participación del peronismo proscrito hasta entonces pero manteniendo la proscripción de Perón.
El 15 de agosto de 1972, los presos políticos alojados en el, hasta entonces, inexpugnable Penal de Rawson, entre los que se contaban los principales dirigentes del ERP: Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán y Domingo Menna, de las FAR: Roberto Quieto y Marcos Osatinsky y de Montoneros: Fernando vaca Narvaja, protagonizaron una espectacular fuga. Los miembros del comando conjunto, integrados por los seis compañeros mencionados, lograron llegar a Chile, otros 19 fueron detenidos en el aeropuerto de Trelew (once eran militantes del PRT). En represalia fueron fusilados, el 22 de agosto en la Base de la Marina. El resto, unos ochenta y cinco, no pudieron salir. La Masacre de Trelew, un acto de extrema barbarie, impactó en toda la sociedad por lo que la solidaridad con los combatientes se manifestara masivamente en los velatorios de los combatientes. Al costo de la sangre de sus mejores hijos y de la lucha de todo el pueblo, el fin de la Dictadura fue un primer y gran triunfo de las fuerzas populares y revolucionarias.
El 11 de marzo de 1973, el peronismo ganó las elecciones con el 49, 57 % de los votos. Pocos días después el Presidente electo pidió una tregua a la guerrilla. Mientras que las formaciones peronistas la acataron, el ERP difundió masivamente una Carta al Presidente Cámpora, en la que le contestó que: respetando la voluntad popular no atacaría al gobierno y a la policía que de él dependía pero, para evitar que el pueblo cayera en el engaño del que había sido víctima en los dieciocho años anteriores, no daría tregua a las empresas explotadoras ni al ejército opresor; exigía, la libertad de los presos políticos y la derogación de la legislación represiva. Cámpora asumió el 25 de mayo en el marco de la euforia popular. Estuvieron presentes los presidentes: Salvador Allende, de Chile y Osvaldo Dorticós, de Cuba. “Chile. Cuba el pueblo te saluda” fue una de las consignas más cantadas. Esa noche el pueblo se volcó a la Cárcel de Villa Devoto y logró la libertad de los presos políticos. El 29 de mayo, en Córdoba, Domingo Menna, miembro del Buró Político del PRT, compartió la tribuna con el presidente cubano y el máximo líder obrero de nuestra historia, Agustín Tosco.
El 20 de junio regresó Perón a la Argentina. El pueblo se movilizó a Ezeiza para recibirlo en lo que constituyó la mayor movilización de masas de toda nuestra historia. Las columnas de la Juventud Peronista (JP) y de Montoneros eran ampliamente mayoritarias, lo que motivó que los que controlaban el acto, la derecha peronista, desataran una balacera contra el pueblo, conocida como la Masacre de Ezeiza. En el discurso que dijo Perón al día siguiente, avaló la represión. Había finalizado una etapa. La contrarrevolución, sólo 26 días después de asumir el nuevo gobierno, intentaba retomar la ofensiva ahora en manos de la derecha peronista.
 Sin embargo, en los hechos, la tregua se cumplió ya que el ERP no realizó acciones armadas durante todo el gobierno de Cámpora, e incluso, durante gran parte de interinato de Lastiri que sustituyó a Cámpora luego de autogolpe contrarrevolucionario del 13 de julio. Ni siquiera respondió militarmente al ser detenido y asesinado su combatiente Eduardo Jiménez, mientras realizaba una pegatina de afiches en conmemoración del aniversario del ERP, el 29 de julio. En esos meses, los órganos de prensa del PRT y del ERP alcanzaron gran tirada. El quincenario del ERP, Estrella Roja, llegó a vender 40.000 ejemplares en cada uno de sus cuatro números legales, hasta que fue prohibido. Con gran valentía y mucho tacto, Santucho explicaba el papel de Perón en El Combatiente, órgano del PRT: Luego de una larga y persuasiva introducción se preguntaba si éste era un traidor, para responderse que no, que era un fiel representante de los intereses de su clase, la burguesía, y que estaba dispuesto a realizar todas las tareas que fueran necesarias para aplastar a la revolución. En los primeros meses esta posición pareció aislar políticamente al PRT. De todas formas logró constituir el Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS), con sus pocos aliados entre los que destacaba Agustín Tosco.
El 23 de septiembre Perón obtuvo más del 60 % de los votos en las nuevas elecciones para elegir el reemplazante de Cámpora. El PRT promovió participar en esas elecciones con la fórmula obrera Tosco-Jaime con la consigna “Contra el imperialismo y sus lacayos”, pero la iniciativa no prosperó. Perón asumió la presidencia y, a poco de andar, comenzó a quedar claro en la vanguardia obrera que no venía a realizar ninguna revolución nacional. Todo lo contrario. Fue girando velozmente hacia la derecha (con la aplicación de medidas como la reforma del Código Penal, la restauración de la legislación represiva, las leyes en favor de las conducciones burocráticas en los sindicatos, el amparo cómplice a grupos paramilitares, la organización de la AAA (Alianza Anticomunista Argentina) desde el Ministerio de Bienestar Social, etcétera.). La ruptura entre Perón y la Tendencia Revolucionaria del peronismo se produjo el 1º de mayo de 1974, aunque esta corriente vacilará en independizarse del líder. Es así que, a partir de 1974, el PRT comenzó a crecer aceleradamente incorporando en los dos años que van de fines de 1973 a diciembre de 1975 más de cinco mil militantes sostenidos por una estructura de unos cuatrocientos cincuenta cuadros experimentados.
En el plano militar, considerando que el Gobierno había violado reiteradas veces la tregua por él mismo propuesta, el ERP reinició la actividad guerrillera el 6 de septiembre con el copamiento del Comando de Sanidad en la Capital. La noche del 19 de enero de 1974, tomó la Guarnición de Azul, mientras que el 30 de mayo la Compañía de Monte alcanzó estado público al copar la ciudad de Acheral en Tucumán.
Pero la respuesta no se dio sólo en el terreno militar. Sostenido por un impetuoso crecimiento entre los obreros de las grandes fábricas, el PRT participó en las más importantes luchas fabriles del momento: en las automotrices y metalúrgicas de Córdoba y Rosario. En Eaton, Tensa, Insud, Indiel, Santa Rosa, Tamet, Propulsora, Ford, Mercedes Benz, Rigolleau y otras fábricas de Buenos Aires; en las grandes acciones proletarias de Villa Constitución; entre los petroleros de Cutral-Co y plaza Huíncul; con los ferroviarios de Laguna Paiva en Santa Fe; en las luchas del proletariado azucarero en Tucumán y Salta, etcétera. El PRT promovió el Movimiento Sindical de Base y realizó dos congresos en los que participaron varios miles de activistas en julio de 1973 y abril de 1974. Ese crecimiento se puso de manifiesto en la realización, el 15 de junio, del VI Congreso del FAS en la ciudad de Rosario con la asistencia de más de 25.000 militantes y activistas de todo el país. Cerró el acto un exultante Agustín Tosco quien criticó duramente la política de Perón. Éste falleció el 1º de julio, dejando al gobierno en la mayor debilidad.
El 10 de agosto el ERP realizó dos acciones armadas de gran envergadura: La toma de la Fábrica Militar de explosivos en Villa María, Córdoba, que resultó completamente exitosa, e intentó tomar el Regimiento de Infantería 17 de Catamarca en lo que fracasó. En la retirada, fueron detenidos y fusilados 16 combatientes entre ellos uno de los principales dirigentes del PRT: el Negrito Antonio Fernández.
1975 fue el año culminante del enfrentamiento de clases. Se inició con grandes enfrentamientos en el Ingenio Ledezma de Jujuy, en los departamentos de Famaillá, Monteros y Chicligastas de Tucumán, en la ciudad de Córdoba, en las riberas del Paraná, en las fábricas Rigolleau de Berazategui y Propulsora Siderúrgica de Ensenada la clase obrera y el pueblo se batieron vigorosamente con todos sus recursos y motorizado por las fuerzas revolucionarias. El 13 de abril, se produjo cerca de Rosario la mayor victoria militar del ERP; sus combatientes en lucha abierta derrotaron la defensa del Batallón 121 ubicado en Fray Luís Beltrán, recuperando gran cantidad de armamento. En junio comenzaron las discusiones de los convenios colectivos de trabajo, que culminaron con las grandes movilizaciones entre fines de junio y principios de julio. En particular, el día 3 de julio de 1975 las Coordinadoras de Gremios en Lucha llamaron a huelga y movilización en todo el país. Los obreros se movilizaron liderados por las fuerzas revolucionarias, entre ellos los militantes del PRT fueron líderes de las principales columnas obreras. Fue la primera huelga general contra un gobierno peronista y la primera que dio la clase obrera argentina con independencia de la burguesía desde el 6 de enero de 1936. Para contener el creciente liderazgo revolucionario la CGT llamó a una huelga general para los días 7 y 8 de julio. En los hechos, cayó el gobierno peronista encabezado por López Rega. El gobierno, surgido del GAN para derrotar a la guerrilla, fue derrotado por el movimiento de masas y revolucionario por lo que quedó a merced del Partido militar. Esta fue la segunda gran victoria de las fuerzas revolucionarias. El 23 de diciembre de 1975 el ERP movilizó a más de 200 combatientes en el intento de ocupar el Batallón de Arsenales 601 del Ejército, ubicado en la localidad de Monte Chingolo, en cono urbano sur de Buenos Aires. Tenía varios objetivos. Políticos: Fortalecer al movimiento de masas, realizar un ensayo semi insurreccional y retrasar el golpe militar en ciernes. Militares: Recuperar 20 toneladas de armamento para cubrir las necesidades de un batallón de monte y un segundo frente rural en Tucumán, un batallón urbano en Buenos Aires y varias compañía urbanas. El Ejército recibió la información de la operación, por medio de un infiltrado en el ERP, por lo que las defensas y las condiciones para reprimir estaban perfectamente organizadas. En lo que se ha denominado la Batalla de Monte Chingolo el ERP sufrió 53 bajas mortales. La gran mayoría fueron combatientes apresados y asesinados con posterioridad a la finalización de las hostilidades.
Producido el Golpe militar contrarrevolucionario del 24 de marzo de 1976, que tuvo como principal objetivo militar la ocupación de las grandes fábricas, el PRT previó que éste traería como consecuencias un redoblar de la ofensiva de las masas y se preparó en consecuencia. Lanzó la consigna ¡Argentinos a las Armas! Luego de dos meses, la dirección del PRT comprendió que había cometido un error de apreciación táctica y que se había entrado en un retroceso de la movilización. Este error, según palabras de Santucho publicadas el 9 de junio, los debilitó en lo ideológico y en lo orgánico. En lo ideológico, porque no les permitió preparase adecuadamente para un esfuerzo de guerra prolongada y en lo orgánico, porque no simplificaron la organización interna adecuándola a la nueva situación.
El porqué se produjo el agotamiento de la movilización de masas iniciado con el Cordobazo está en el terreno de las hipótesis. Nosotros pensamos que ello se debió a que la maniobra del GAN, en la que Perón y el peronismo burgués y burocrático fueron piezas claves, neutralizó a los sectores intermedios de la sociedad dejando a la clase obrera industrial sola en el enfrentamiento con la gran burguesía. Santucho venía haciendo esfuerzos en ese sentido. De allí los reiterados planteos de tregua desde octubre de 1974 y la propuesta de organizar un frente mucho más amplio que el FAS con contenidos democrático y patriótico. Además deben tenerse en cuenta los importantes fracasos militares: el 28 de mayo de 1975, el intento de copamiento del Comando Táctico de la 5ta Brigada en Tucumán que significó la pérdida de la iniciativa político militar en la Región Rural; la derrota en la mayor batalla de la guerrilla argentina en Monte Chingolo, el 23 de diciembre del mismo año y; el desmantelamiento del Segundo Frente rural al norte de la ciudad de Tucumán, en febrero de 1976. Esos combates eran necesarios para enfrentar la política del terrorismo de Estado que en pocos meses había asesinados unos mil quinientos activistas obreros y revolucionarios. Por último, y no menos importante, ni durante ni posteriormente a las grandes movilizaciones de junio y julio se logró conformar una propuesta unitaria de las organizaciones revolucionarias, por lo cual, el movimiento de masas se quedó sin una alternativa de poder clara y unificada. Estas derrotas debilitaron a una clase obrera que había sostenido la ofensiva durante siete largos y fatigosos años pero que no había logrado empujar a la movilización a las más amplias capas populares, neutralizadas por el gobierno peronista y por Perón. Primer elemento a tener en cuenta en la derrota revolucionaria.
El 19 de julio, el mismo día que Santucho saldría del país, una patrulla militar llegó hasta el departamento de Domingo Menna en Villa Martelli. Santucho y Benito Urteaga murieron combatiendo y, Liliana Delfino, Fernando Gértel, Ana María Lanzillotto y Domingo Menna resultaron capturados siendo todos llevados a Campo de Mayo. En el enfrentamiento murió el Capitán Leonetti, el jefe del comando militar. Aún no se sabe cómo dieron con el departamento. En los meses previos cayeron Eduardo Castello, Juan Manuel Carrizo, Edgardo Enríquez de la dirección del MIR y, posteriores Eduardo Merbilháa y Carlos Germán, todos miembros del Buró Político y el histórico líder obrero Leandro Fote, y muchos dirigentes nacionales y regionales. La caída de los principales dirigentes del PRT es el segundo elemento en el análisis.
El tercero es que la nueva dirección encabezada por Luís Mattini, acompañado por parte del Buró Político, no comprendieron las consecuencias del error de apreciación táctico, por lo que no tomaron las drásticas medidas para aplicar lo resuelto por el último Comité Ejecutivo (CE) reunido en vida de Santucho: Realizar la adecuación organizativa y preparar ideológicamente a la organización. Esto provocó que la represión golpeara sistemáticamente en todo los niveles de su organización. En los meses siguientes varios cuadros de primera línea fueron secuestrados. La reunión del CE realizada en abril de 1977 en Roma no encontró las respuestas prácticas adecuadas y creyó verlas en un repliegue teórico e ideológico hacia el sovietismo, abandonando los principios que dieron origen, energía y desarrollo al proyecto histórico del PRT. Las consecuencias fueron fatales. Cuando regresaron de esta reunión los compañeros que estaban a cargo del Partido en la Argentina, se produjeron amplias caídas que terminaron con la estructura nacional de la organización entre mayo, junio y julio de 1977.

En el exterior, cuando todavía no se podía hablar de exilio, los restos del PRT por acción planificada de Mattini se dividieron en dos fracciones: Una, la encabezada por este desertor que organizó en Italia, en 1979, un congreso que pretendía encontrar las respuestas a la derrota revolucionaria en la lectura de los clásicos y de los manuales soviéticos en lugar de hacerlo -como hemos indicado nosotros-, en las contingencias de la lucha. El otro sector, comandado por Gorriarán Merlo e integrado por lo que quedaba de los viejos cuadros de la Tendencia leninista, con el fin de reagruparse desde una perspectiva revolucionaria se dirigieron a Nicaragua para combatir en las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Dentro de las cárceles los varios centenares de presos del PRT y del ERP resistieron heroicamente a la más terrible dictadura que sufrió el pueblo argentino. La división que se produjo en el exterior fue realizando su desgaste en la unidad de éstos militantes, durante los dos años posteriores. Al salir de las cárceles, si bien muy golpeado y reducido, no encontraron un Partido unido por lo que también se dispersaron, aunque la mayoría de ellos continuó su militancia en distintas tareas sociales o políticas. Con este costo adicional, originado por la división en el exterior, completamos el cuarto elemento que condujo a la desarticulación de la mayor fuerza marxista revolucionaria en nuestra patria.
El legado histórico del Partido Revolucionario de los Trabajadores no puede ser pretendido por ningún grupo por el sólo hecho de ponerse su nombre. De ser valioso su aporte en la construcción de una nueva sociedad sin explotadores ni explotados -valor que nosotros afirmamos-, ese legado será patrimonio de la clase obrera y del pueblo argentino y de las organizaciones de revolucionarios, destacados de su seno, que logren construir en pos de la sociedad del hombre nuevo como nos inspiraron los Comandantes Mario Roberto Santucho, Ernesto Che Guevara y Fidel Castro.

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