LECCIONES DE BATALLA

LECCIONES DE BATALLA

Las ideas de Santucho se abren paso en la militancia revolucionaria

 

 

Por Luis Brunetto

 

Año tras año, el día en que la burguesía argentina celebra la eliminación de Mario Roberto Santucho, los herederos del reformismo morenista repiten los mismos cliches y las mismas mentiras sobre el líder revolucionario y su corriente. Y, año tras año, los que reivindicamos la continuidad de la tradición política del glorioso PRT- ERP, nos vemos obligados a responder al catálogo anual de anatemas cuyo contenido, por otra parte, nunca cambia. Por supuesto que el camino de la verdad se va desbrozando, y cada vez menos gente cree que Santucho era un extraterrestre que sacaba obreros de las fábricas para mandarlos a la guerrilla rural. Argumento falaz porque, al ser las fábricas el lugar fundamental de trabajo del PRT allí tenía su mayor desarrollo y era la cantera de militantes para muchas tareas que no se limitaban la lucha sindical. El caso emblemático es el de Juan Eliseo Ledesma, obrero de Fiat, que no fue delegado pero llegó a ser el Jefe del Estado Mayor de ERP.

Año tras año se hace más difícil, para los falsificadores, insistir con su versión tergiversada de la historia de los ´70. No por ello, sin embargo, dejan de insistir. Es que se trata de una tarea políticamente imprescindible para los que sólo participaron marginalmente del mayor auge revolucionario de nuestra historia: los herederos políticos de las corrientes que en aquellos años, ante el panorama imponente de las masas movilizadas en junio y julio del ´75, reclamaban la formación de un gobierno encabezado por un senador de “extracción sindical” lo cual, de no mediar la caída del Gobierno, significaba de la burocracia sindical, no pueden hoy más que inventar un pasado inexistente, que oculte su verdadera trayectoria, completamente desligada del proceso revolucionario real.

En esta oportunidad le ha tocado a Facundo Aguirre desde La izquierda diario lanzar el acostumbrado ataque contra la verdad histórica. Párrafo a párrafo, desordenadamente, y sin ningún hilo conductor, el sociólogo del PTS, hilvana la conocida lista de supuestos  errores políticos  cometidos por Santucho y su banda de locos. Por supuesto que la carencia de lógica del artículo no es un producto de la falta de talento del amigo Aguirre, sino de la tarea misma: como en aquella foto trucada por Stalin en que asoman los zapatos de Trotsky al lado de Lenin, la mentira tiene patas cortas… De todos modos trataremos de dar una respuesta ordenada, que de paso servirá para entender que cosa se está discutiendo.

Veamos: “El PRT-ERP rechazaba la autoorganización de las masas y la creación de organizaciones de combate surgidas de la lucha de clases para reemplazarlas por el ideal de una zona liberada que Santucho copiaba del general vietnamita Vo Nguyen Giap, líder de la lucha militar contra la ocupación francesa y norteamericana”. Acá se mezclan muchas cosas en una ensalada difícil de digerir. Primero, no se entiende como podría establecerse una zona liberada no surgida de la lucha de clases, o vaya a saber que entiende el PTS por lucha de clases. Segundo: es una afirmación que corre por exclusiva cuenta de Aguirre, y de la que no ofrece prueba alguna, que el establecimiento de una zona liberada implicara un rechazo por parte del PRT a “…la autoorganización de las masas y la creación de organizaciones de combate surgidas de la lucha de clases”.

Pero la mentira que subyace oculta en este párrafo es la de que “Santucho copiaba del general vietnamita Vo Nguyen Giap” la idea de una zona liberada. El sentido de esta falsedad es el de ocultar que el PRT histórico, antes de su división, era el autor de la idea de la combinación de la insurrección obrera y popular en las grandes ciudades con la conformación de una zona liberada en el norte obrero y campesino: esa era la estrategia de poder del PRT desde su fundación en 1965. Fue el abandono por parte de Nahuel Moreno de esta idea fundacional del PRT la que abrió la crisis que llevaría a la división. La corriente liderada por Santucho no hizo más que promover la puesta en práctica de tal estrategia, expresada en la construcción del Ejército Revolucionario del Pueblo, y eso determinó la ruptura de Moreno.

Ahora bien, a finales de los ´60: ¿la puesta en práctica de esta estrategia era prematura, las masas no la comprendían, se trataba de un capricho de Santucho y su banda de locos? En parte, el propio Aguirre ofrece la respuesta: para Santucho, según él, “el Cordobazo había encendido la mecha de la guerra revolucionaria”. En realidad, el planteo de Santucho se desarrolla  en el contexto de la insurrección de las masas contra el onganiato, de la cuál el Cordobazo del ´69 marca el pico más elevado. Pero, en concreto, su planteo era la expresión política de la presión sobre el Partido de la clase obrera azucarera  tucumana. Los obreros tucumanos habían atravesado la experiencia peronista con un sentido clasista muy marcado desde los inicios del propio peronismo, y la habían llevado hasta el límite. De la experiencia del Bloque de diputados obreros de Acción Provinciana, cuyas leyes de control obrero en la industria azucarera fueron anuladas por el onganiato, y de la derrota de las grandes huelgas con las que lo enfrentaron, habían sacado la conclusión de la necesidad de desarrollar la lucha armada. ¿Cómo se explica sino que el principal exponente de esa experiencia, el diputado obrero Leandro Fote, haya acompañado a la tendencia de Santucho, al igual que Antonio “el negrito” Fernández y la casi totalidad de los dirigentes de la FOTIA que eran miembros del PRT, y no al PRT- La Verdad de Moreno?

Sigamos: “era necesario construir un ejército guerrillero para enfrentar a las Fuerzas Armadas y el imperialismo y constituir un Frente de Liberación Nacional”. Pero la verdad es que el PRT planteaba un Frente de Liberación Nacional… ¡y Social! ¿Es casual esta omisión de Aguirre? ¡No! ¡Es clave sacar la palabrita para hacer encajar al PRT- ERP en el formato de fuerza antiimperialista, no socialista, etapista, alejada de las masas obreras, reformista, etc., etc.! En todo el artículo aparece repetidas veces mencionado el Frente de Liberación Nacional, pero nunca Social…

Y esta amputación no casual del carácter del Frente promovido por el PRT, permite al autor jugar con los hechos, las fechas y los contextos. Así, señala que “el PRT-ERP creyó que las huelgas de junio y julio de 1975, cuando la clase obrera enfrentaba a un gobierno peronista y disputaba el poder de la fábrica al patrón, que había que hacer un frente de conciliación de clases alrededor del Partido Comunista (que planteaba gabinete cívico-militar para sostener a Isabel Perón) y Montoneros (que planteaba la reconstrucción del programa nacionalista burgués del FreJuLi)”. Erróneo y falso: Erróneo, porque la clase obrera no le disputaba el poder al patrón, sino que ya había superado la etapa meramente economicista y le disputaba el poder a la clase capitalista. Falso, porque el PRT planteó el llamado a Asamblea Constituyente Libre y Soberana como salida política a las jornadas de junio y julio, posición evidentemente a la izquierda de las mencionadas por Aguirre, pero también a la izquierda del morenismo (formación de un gobierno encabezado por un senador de “extracción sindical”). En cuanto al frente con el PC y Montoneros, la línea de Santucho responde a una política que choca frontalmente con la concepción sectaria y aislacionista del PTS. El PRT no proponía marchar detrás de Montoneros y el PC hacia la política del frente con la burguesía sino que, por su fuerza militante y arraigo en la masa, se sentía fuerte como para atraer a esas fuerzas hacia el Frente de Liberación Nacional y Social –de allí la omisión intencionada de Aguirre[1]-. Aquí se encuentra el eje de dos políticas y dos balances opuestos sobre aquella situación revolucionaria. El PRT había logrado encabezar a los sectores más dinámicos de la clase obrera industrial, sus militantes fabriles estuvieron al frente de todas las columnas obreras del Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario. Logrado ese éxito, que incluyó la derrota del Gobierno del peronismo burgués y burocrático, intentaba ampliar esa movilización e influencia hacia el conjunto de la clase obrera y de los sectores intermedios de la sociedad, uniendo la lucha reivindicativa con la lucha democrática. Para ello se proponía una amplia política de alianzas para que el proletariado revolucionario no marchara sólo al enfrentamiento con la clase capitalista. El PRT y el conjunto del movimiento revolucionario no lograron esta necesaria amplia alianza, debido a la cuña metida entre la vanguardia obrera y el conjunto de las masas, por la política del acuerdo Perón-Lanusse. En esto último hay que profundizar para encontrar respuestas a la posterior derrota revolucionaria y no en la política hacia la vanguardia que, como vimos, fue completamente exitosa. En la actualidad, la propuesta del PTS, de ser exitosa, tendría el mismo efecto que aquella maniobra burguesa, de Perón y Lanusse, asegurando de antemano el aislamiento y la derrota de la clase obrera y del pueblo. 

Pero las palmas en este campeonato de la tergiversación se las lleva la frase siguiente: “La concepción teórico-política del PRT-ERP planteaba (…) la emergencia de un gobierno de frente popular, de conciliación de clases, que representara la unidad antiimperialista restaurando en el terreno de una izquierda que se reclama heredera del pensamiento y la acción de Ernesto “Che” Guevara, la revolución por etapas y la conciliación con fracciones de la burguesía que el revolucionario argentino-cubano condenaba violentamente”. Es cierto que el texto es un poco indescifrable pero hagamos el esfuerzo de recordar que no es falta de talento, sino la necesidad de tergiversar la que lleva a formular esta adivinanza. Veamos: el PRT planteaba la revolución antiimperialista y socialista latinoamericana, sostenía el carácter permanente y no etapista del proceso revolucionario y la idea de la necesidad de la dirección de la clase obrera industrial. La falsedad del argumento de Aguirre es evidente: el PRT- ERP criticó desde el principio, y en forma más clara y contundente que cualquier otra agrupación de la izquierda del momento, las ilusiones en el gobierno del FREJULI, y planteó ya desde el gobierno de Cámpora el carácter utópico de los proyectos seguidistas del peronismo. En las editoriales de Santucho en la prensa partidaria y en la línea política del Partido en general, esta cuestión era fundamental.

La mención al Che merece un párrafo aparte. El PTS no es guevarista, pero sí es oportunista. Sabe del prestigio del Che ante las masas y no se atreve a polemizar abiertamente con sus ideas y su acción. El PTS piensa del Che exactamente lo mismo que piensa de Santucho, sólo que es más conveniente invocar al más grande revolucionario de la segunda mitad del Siglo XX que criticarlo. ¿Qué opina el PTS de la campaña boliviana del Che? ¿O no piensan que el Che se equivocó al esperar el apoyo del PC, sometiéndose al planteo etapista de Monge y compañía? ¿O qué estaba aislado de la clase obrera y toda la serie de argumentos ad hoc? ¿Y que diferencia hay entre estos argumentos y los que se usan contra Santucho y el PRT? Ninguna…

A estos planteos más o menos conceptuales se suman afirmaciones puramente subjetivas. Algunas son completamente contradictorias: “El PRT-ERP logró gran inserción en fábricas, barrios y universidades, pero su eje no va a ser la organización obrera independiente sino la construcción del ejército guerrillero y la lucha militar contra las FF.AA”. El PRT logró gran inserción en las fábricas, pero ese no era el eje de su actividad. La inserción cayó del cielo, etc., etc. Y así…

Esos planteos reduccionistas se deben a la pobreza conceptual del PTS. Para sus dirigentes es incomprensible que para el PRT “su eje” tuviera más de una arista. Para el PRT la tarea principal era la construcción del partido marxista-leninista, el lugar fundamental de esa construcción se hacía en la clase obrera industrial de las grandes fábricas, y la forma fundamental de lucha, en esa etapa, era la militar con carácter ofensivo, en la que combinaba las insurrecciones parciales, la insurrección general de todo el pueblo, con la formación de un ejército regular de base guerrillera comenzando por la lucha irregular en la ciudades y en las zonas rurales.

¿Habrá que esperar al año que viene para ver si los amigos del PTS encuentran algún argumento nuevo en el reservorio de falsificaciones al que nos tienen acostumbrados? O si, por fin, se rinden ante los hechos y ajustan definitivamente las cuentas con su pasado morenista, en lugar de andar buscando la paja en el ojo ajeno.

 

[1] El PTS necesita hacer esa omisión porque concibe como políticas de alianzas de la clase obrera a el frente popular y el frente de izquierda, y en esa dualidad no cabe otra concepción que está por fuera y es diversa como es la propuesta del frente de liberación nacional y social, como corresponde a un país de capitalismo de desarrollo desigual, deformado y dependiente del imperialismo.

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