Diario La Nación: Apología del terrorismo de Estado

Diario La Nación: Apología del terrorismo de Estado

Por Daniel De Santis

El pasado 7 de febrero en el diario La Nación, como la semana anterior en distintos medios televisivos, se afirma como una verdad que no es necesario demostrar, ni explicar, que existía “El terrorismo montonero y del ERP”.
(La nota: http://www.lanacion.com.ar/1982351-la-discusion-por-el-dia-de-la-memoria)
Lo primero que hay que aclarar es el concepto terrorismo para saber cuando existe y quién lo realiza.
En el terreno de la lucha política, comete terrorismo quien infunde o crea terror en el oponente generalmente civil, ya que se presupone que las fuerzas armadas están creadas y preparadas para la lucha militar.


Es ampliamente conocido que el gobierno y las fuerzas armadas de EE UU arrojaron dos bombas atómicas sobre dos ciudades japonesas al final de la Segunda Guerra Mundial. El que conoce algo de esa guerra sabe que el Japón estaba derrotado en todos los frentes y que lo único que restaba por saber era ante quién se rendirían, si ante la Unión Soviética o los Estados Unidos. Las bombas tuvieron como único motivo precipitar, mediante esa acción terrorista, la rendición japonesa ante la potencia norteamericana.
Esta misma potencia, antes y después, se ha valido de su amplia superioridad militar para sojuzgar pueblos, bombardearlos, ocuparlos, masacrarlos, cometer todo tipo de actos terroristas y de genociadio. La lista es muy larga y conocida.

Por todo esto, la principal organización terrorista es el Gobierno de Estados Unidos. Le siguen las demás potencias imperialistas por razones similares. Dentro de estas últimas tenemos que incluir al socialcristianismo y a la socialdemocracia que han gobernado los países imperialistas de Europa.

Otra corriente política que utiliza masivamente el terrorismo, aunque muchísimo menos, es el nacionalismo, del cual el nacionalismo fundamentalista del cercano oriente es una ejemplo de actualidad.

La otra coriente política de trascendencia internacional es el marxismo y tanto en la lucha de clases como desde el gobierno ha aplicado infinitamente menos que las demás corrientes políticas esa metodología política. En el caso de movimientos marxista insurgentes lo aplica selectivamente sobre connotados asesinos, torturadores, violadores y traidores. Es decir, sobre los que irían a poblar el último círculo del último de los infiernos del Dante.

En Argentina se la instalado que las organizaciones revolucionarias ERP y Montoneros eran terroristas.

La aplicación de torturas o tormentos por parte de la militares fue sistemática, cometieron cientos de miles de ellas, no solo a los muertos y desaparecidos sino a los miles y miles de presos políticos.

Vamos a considerar sólo dos metodologías, la desaparición de niños y la aplicación de tormentos, pero las podríamos extender a todo el accionar de las fuerzas armadas con iguales resultados.

Las fuerzas militares secuentraron y asesinaron a alrededor de 500 niños, la mayoría nacidos en cautiverio. Sólo se han recuperado 121, faltan más de 300. Nos preguntamos, ¿están todos vivos y desaparecidos?, o ¿hay un porcentaje de desaparecidos muertos y un porcentaje de desaparecidos vivos?. En los dos casos la situación es siniestra y es terrorista.

Por parte del ERP hubo sólo una niña asesinada accidentalmente y Santucho inmediatamente asumió públicamente la responsabilidad y realizó una severa autocrítica. Han pasado 40 años y los militares siguen teniendo secuestrados a nuestros hijos y lo siguen reivindicando. Por parte de Montoneros también hubo un solo caso. Dos casos pueden ser errores o excesos como decían los militares de si mismos, quinientos casos es en plán sistemático.

La aplicación de torturas o tormentos por parte de la militares fue sistemática, cometieron cientos de miles de ellas, no solo a los muertos y desaparecidos sino a los miles y miles de presos políticos. La propaganda contrarevolucionaria menciona un solo hecho, la detensión por parte del ERP del Mayor Larrabure, y le atribuye haberlo torturado, pero es falso. El periodista rosarino Carlos Del Frade lo ha demostrado amplia y públicamente.

Podríamos seguir con los detenidos y luego fusilados (en realidad asesinados porque ni siquiera fueron fusilamientos en regla) despues de los combates, cuando los hubo, porque en la mayoría ni siquiera eso.

Por lo tanto terrorismo sistemático hubo de un sólo lado: las fuerzas armadas argentinas por mandato de la clase capitalista, nacional y extranjera.

Sigue La Nación: “… no existe una sola razón para que no se juzgue a las organizaciones terroristas”.
Es un argumento que necesita crear, para poder formularse, una realidad que no existió. Los dirigentes y militantes de las organizaciones revolucionarias no fueron juzgados porque los militares no quisieron, su objetivo era exterminarlos no juzgarlos.
¿Por qué no juzgaron a Santucho, Menna, Urteaga, Delfino, Quieto, Arrostito, Osatinsky y varios miles más? No los juzgaron porque no era guerra sucia, era guerra contrarevolucionaria, alentada por el odio a los trabajadores y a los pobres.

Según el escriba de los Mitre, las organizaciones revolucionarias “fueron las iniciadoras del sangriento conflicto”. Pero también eso es absolutamente falso.
La primera declaración de guerra contra el pueblo lo realizó la clase dominante con los golpes civico militares de 1955. La segunda declaración de guerra contra el pueblo la realizó la misma clase dominante cuando consumó el golpe civico militar de 1966. Recién después de estas dos declaraciones de guerra, el pueblo respondió valientemente con el Cordobazo y el Rosariazo. En esa guerra, no iniciada por el pueblo sino por los capitalistas, sus fuerzas militares cometieron crimenes atroces violando todas las leyes de la guerra.

Escribe el editorialista de La Nación para justificar el Golpe: “En marzo de 1976 se había llegado a un verdadero vacío de poder frente a una situación caótica”.

No había caos, había una revolución que se desarrollaba en el seno de la clase obrera y el pueblo. A las clases dominantes les infundía terror perder sus privilegios y tener que ir a trabajar todos los días para ganarse el pan como el resto de los mortales.

Las dictaduras latinoamericanas de aquellos años fueron las respuestas de las burguesías y el imperialismo al avance de la revolución social, como lo fueron el surgimiento del fascismo y el nacismo en Europa ante el peligro de la revolución obrera en ese continente.

La moral de las revolucionarias y los revolucionarios se agigantó en los centros de tortura de los militares. Pocas veces la historia de la humanidad asistió a tan magna proeza. Como pocas veces la historia de las guerras encuentró tantos hechos de cobardía como protagonizaron los oficiales del Ejército argentino (léase con el tono que lo hace Osvaldo Bayer), que forjaron su moral en las cámaras de tortura, en la guerra de Malvinas.

La dictadura fue genocida y terrorista porque era contrarevolucionaria.

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